
La época victoriana estuvo marcada por el auge del comercio, la expansión territorial europea, una profunda mentalidad racionalista y códigos morales sumamente estrictos. Frente a un entorno que restringía a las mujeres a roles del cuidado, las primeras cronistas e investigadoras encontraron en el estudio de la brujería no solo una fascinación por lo oculto, sino un prisma crítico para analizar la marginación femenina, la histeria colectiva y la tensión entre la fe y la ciencia a lo largo de la historia.
En la antología A Circle of Witches: An Anthology of Victorian Witchcraft Stories (publicada por primera vez en 1971), el editor Peter Haining recopiló relatos y crónicas históricas escritas por autoras victorianas que abordaron el fenómeno de la brujería en el territorio europeo. Entre estas figuras destacan Eliza Lynn Linton, Jane Wilde y Mary Lewes.
Eliza Lynn Linton: La mirada periodística sobre el mito
Eliza Lynn Linton (1822–1898), nacida en Keswick, Cumberland, fue una figura pionera y singularmente compleja. Hija del vicario de Crosthwaite y huérfana de madre a los cinco meses, creció con una formación en gran medida autodidacta. En 1845 se trasladó a Londres para ganarse la vida de forma independiente, convirtiéndose en la primera periodista profesional asalariada en diarios de renombre como el Morning Chronicle y el semanario de Charles Dickens, All the Year Round.

A pesar de ser una referente en la narrativa de la época con obras como The True History of Joshua Davidson (1872) y Patricia Kemball (1874) —y de sostener posturas marcadamente ambiguas respecto al movimiento feminista emergente—, uno de sus aportes historiográficos más valiosos fue Witch Stories (1861).
Fruto de una exhaustiva labor documental en archivos históricos, Witch Stories compila los casos más emblemáticos de brujería en Inglaterra y Escocia. Linton abordó estos episodios con un escepticismo marcadamente racionalista, identificando en los juicios por hechicería una trágica mezcla de aislamiento rural, ignorancia médica y estigmatización hacia las mujeres vulnerables o de edad avanzada.
Casos de estudio: De las colinas de Lancashire a las costas de Caithness
Para Linton, Escocia y las regiones fronterizas de Inglaterra constituían el terreno predilecto de análisis. Sus geografías solitarias y montañosas eran, a ojos de la sociedad de la época, el espacio ideal para el florecimiento del pensamiento supersticioso.
Las Brujas de Lancashire
El célebre proceso de Pendle Forest (Lancashire) representa uno de los episodios más dramáticos en la historia judicial inglesa. La zona de Pendle era una región montañosa, aislada e impregnada de tensiones religiosas y miseria económica. En ella rivalizaban dos clanes encabezados por dos ancianas octogenarias: Elizabeth Southernes (“Mamá Demdike”) y Anne Whittle (“Mamá Chattox”), quienes sobrevivían mendigando y ofreciendo remedios y “protección espiritual” informal a los campesinos.

El detonante del caso ocurrió cuando Alizon Device, nieta de Demdike, intentó comprar alfileres al buhonero John Law. Al negarse este a vendérselos, el hombre sufrió un colapso repentino (probablemente una apoplejía). La joven, convencida de haber invocado a un espíritu maligno, confesó atemorizada ante el magistrado Roger Nowell, desatando una red de denuncias cruzadas.
«En Pendle Forest, una agreste extensión de tierra en las afueras de Yorkshire, vivía una anciana que rondaba la edad de ochenta años y había sido bruja los últimos cincuenta. Había criado a sus hijos y exhortado a sus nietos a practicar la brujería. “Era una agente general del Diablo por estos pagos”. Se llamaba Elizabeth Southernes, aunque era conocida como Mamá Demdike, y compareció ante el juez en 1612. Fue la primera de este famoso “aquelarre” en ser juzgada… La anciana Mamá Demdike murió en prisión antes de que se celebrase su juicio pero, en su comparecencia ante el magistrado que las condenó a todas, el señor Roger Nowell, hizo una confesión que le aseguró con gran eficacia su parte correspondiente de execración.»
— Eliza Lynn Linton, Witch Stories (1861)
Linton profundiza en los detalles extravagantes de las confesiones, que incluían pactos con demonios familiares en forma de perros o niños en túnicas multicolores, reflejando el estado de paranoia generalizada que envolvía a la comunidad:
«Hacía unos cincuenta años, dijo, estaba volviendo a casa después de mendigar cuando, cerca de una cantera de Pendle Forest, se encontró con un espíritu o demonio en forma de niño, el cual llevaba un abrigo mitad marrón y mitad negro, y le dijo que, si le entregaba su alma, tendría todo lo que deseara… Durante cinco o seis años, Mamá Demdike no le pidió ningún tipo de ayuda ni daño para otros a Tibb, que siempre se le aparecía “entre dos luces” (al atardecer).»
— Eliza Lynn Linton, Witch Stories (1861)
El elemento más devastador del juicio de Pendle fue la admisión del testimonio de Jennet Device, una niña de solo nueve años, quien testificó en contra de su propia madre, hermano y hermana. El proceso concluyó con la ejecución en la horca de diez personas en Lancaster, mientras que Mamá Demdike falleció en el calabozo antes de ser sentenciada.
«Elizabeth Device, su hija, y Alison, James y Jennet Device, sus nietos, testificaron en su contra, y cada uno en la de los demás, de forma asombrosa, y entre todos completaron la historia con todo lujo de detalles… Alison dijo que su abuela la había tentado a servir al Diablo, dándole un gran perro negro como espíritu personal; un perro que había dejado lisiado a John Law, un pequeño quincallero que pasaba por Colnefield.»
— Eliza Lynn Linton, Witch Stories (1861)
Brujas en Caithness
Un siglo después, en el extremo septentrional de Escocia (Caithness), tuvo lugar el caso de Margaret Nin-Gilbert. A diferencia del entorno del siglo XVII, este episodio se desarrolló en una época donde las élites ilustradas comenzaban a rechazar la brujería, aunque las creencias en la metamorfosis animal (shape-shifting) permanecían vivas en el folclore popular.
El caso comenzó por una disputa de arrendamiento entre el mampostero William Montgomerie y Margaret Olson, amiga de Nin-Gilbert. Montgomerie denunció que su vivienda se había visto infestada por una jauría de felinos parlantes que acosaban a su familia y sirvientes con voces humanas. En una noche de histeria, Montgomerie y su criado atacaron a las criaturas con espadas y hachas dentro de la casa.

«El viernes por la noche, 28 de noviembre, una de las gatas se metió en un arcón agujereado y, cuando volvió a asomar la cabeza fuera, William le dio una estocada con su espada… Su criado, William Geddes, le hundió su puñal a la gata entre las patas traseras y la clavó al arcón… Cuatro o cinco noches después, su criado gritó que una de aquellas gatas había entrado en su dormitorio para atacarlo. Montgomerie corrió en su auxilio, tiró su manta escocesa encima de la gata y la atravesó con su puñal para, acto seguido, aplastarle la cabeza con la culata de un hacha y lanzarla fuera.»
— Eliza Lynn Linton, Witch Stories (1861)
La situación dio un giro grotesco cuando, meses después del incidente, a la anciana Margaret Nin-Gilbert se le desprendió una pierna amputada y gangrenada en la entrada de su propia vivienda. La comunidad no tardó en vincular la amputación de la pierna con los hachazos propinados por Montgomerie a los gatos misteriosos.
«Pero cuando, el 12 de febrero, un vecino vio cómo a Margaret Nin-Gilbert “se le caía media pierna en la misma puerta de su casa, y teniendo en cuenta su fama de bruja, así como el aspecto negro y putrefacto de la pierna, se le hizo comparecer ante el juez suplente”… Margaret despachó el asunto con rapidez. Cuando fue interrogada el 8 de febrero de 1719, confesó que estaba aliada con el Diablo… Confesó además que estaba en casa de William Montgomerie la tarde en que la atacó, y que él le cortó una pierna con el puñal o el hacha, a consecuencia de lo cual se le había separado del resto del cuerpo.»
— Eliza Lynn Linton, Witch Stories (1861)
A pesar de que el caso mostraba signos evidentes de demencia o infecciones no tratadas, las autoridades locales procedieron con la tortura e interrogatorio de las sospechosas, buscando marcas del Diablo en el cuerpo de su supuesta cómplice, Margaret Olson:
«Se interrogó entonces a Margaret Olson. Le examinaron los hombros (en busca de marcas de bruja), “donde había varios lunares, unos rojos y otros azulados; al clavarle una aguja con gran fuerza casi hasta el fondo, no sintió nada”… Así pues, este caso de locura y perversidad humanas acabó con el método habitual de la cuerda y la hoguera.»
— Eliza Lynn Linton, Witch Stories (1861)
Aunque Margaret Nin-Gilbert falleció en prisión debido a la gravedad de la infección en su pierna, la posterior intervención de las autoridades judiciales centrales de Escocia desacreditó la acusación, señalando lo disparatado del proceso e impulsando el fin definitivo de los juicios por brujería en Gran Bretaña con la derogación formal de la Ley de Brujería en 1736.
El valor del legado de las cronistas victorianas
Al examinar las actas judiciales con rigor periodístico, autoras como Eliza Lynn Linton transformaron historias que solían ser descartadas como meras “fábulas” en testimonios históricos sobre la ignorancia, la crueldad institucional y la persecución de las poblaciones más vulnerables. Su labor sentó las bases para el estudio de la brujería desde una perspectiva histórico-social, permitiendo entender cómo la superstición fue utilizada durante siglos como un instrumento de control y de exterminio de mujeres.