Por Cappiello, E
Desde los inicios de la prensa gráfica como empresa comercial, la literatura ha sido un elemento constitutivo del diario. El folletín nace en el S. XIX como el primer texto ficcional escrito en un formato popular masivo y se inscribe en la historia como un hecho cultural que permite comprender las relaciones entre los modos de comunicación y el arte (Barbero, 1987, p. 136).
Con el folletín, lo literario se introduce en el espacio de la cultura masiva y en ese proceso, se reconfigura. El cambio de ámbito, del libro a la prensa, produce una alteración en las condiciones de producción y edición de las obras, que mantienen el status literario en diálogo con el mercado y los medios de comunicación.

El primer folletín francés fue La vida privada de Napoleón Bonaparte, de Laure Junot, duquesa de Abrantès, que se publicó en el Journal des Débats entre 1831 y 18321
Cuando el mercado comienza a mediar entre el escritor y el texto, impone un ritmo de escritura, un formato y reorienta la intencionalidad artística del autor. El escritor se convierte en un asalariado que debe adaptarse a nuevos procesos y medios de difusión. Es de este modo que se produce una resignificación de su rol, que lo transforma en productor y editor de su obra . Estos desplazamientos, que se materializan en la publicación de un formato atravesado por el mercado y la comunicación mediática masiva, se perciben por la crítica literaria, aún en la actualidad, como una destrucción de lo literario en manos de la prensa y el comercio. Sin embargo, los años han demostrado que el folletín del S. XIX es solo un exponente de las transformaciones que produce la comunicación en la literatura: el primer eslabón de una larga cadena de relaciones y vínculos recíprocos entre los formatos de la información y la ficción (Barbero, 1987, p.139).
La prensa argentina
Hacia la misma época en que el folletín se vuelve un éxito masivo de ventas en Europa, también en Argentina, una parte fundamental de la literatura surge en el marco de publicaciones periódicas que pululan los diarios y revistas de la época. Verónica Delgado y Geraldine Rogers (2016) exponen en la introducción de su libro Tiempos de papel. Publicaciones periódicas argentinas (siglos XIX-XX), que resulta fundamental conocer las interrelaciones que existen entre la literatura y la prensa gráfica para comprender las configuraciones que habitan ambos formatos en la actualidad. Para las editoras, las condiciones de producción y recepción de las publicaciones periódicas tienen un legado significativo en las modalidades de la escritura literaria actual, al tiempo que esta, a su vez, ha aportado a la prensa recursos para su transformación ( p. 9).

Folletín en el Diario de la Tarde, Nº 4329, 20/02/1846, Buenos Aires.
Ahora bien, lo hasta aquí expuesto da cuenta de la interacción entre dos ámbitos que desde el S.XIX comparten un entramado de encuentros y de retribuciones mutuas.
Borges, Arlt, Cortázar, Puig,Walsh y tantos otros, han sido parte de esa historia. Su literatura ocupa espacios en los diarios de la época, muchos de ellos trabajan escribiendo en la prensa y se convierten en sus máximos representantes. Con el paso de los años, la relación entre los ámbitos se complejiza y los medios también ingresan en el mundo de la literatura. Boquitas Pintadas, de Manuel Puig, se impregna de narraciones polifónicas que rompen con la narración lineal del relato y también con su tradicional formato. El autor construye a sus narradores desde las enunciaciones de diarios, revistas, cartas y radioteatros. Arlt, por otra parte, recorre el mundo escribiendo sus Aguafuertes, y entre “redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana” (Arlt, 1931, p.7) nace su novela Los lanzallamas. Años más tarde, Walsh crea un género sin precedentes, Operación Masacre se convierte en la prueba de que la convergencia del periodismo y la literatura está destinada a la grandeza.

La novela se empezó a escribir en 1930 y fue terminada el 22 de octubre de 1931. Este 2024 se cumplen 93 años.
¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura y prensa gráfica en la actualidad?
Un hombre no puede dividirse entre el poeta que busca la expresión justa de nueve a doce de la noche y el reportero indolente que deja caer las palabras sobre las mesas de redacción como si fueran granos de maíz. Tomás Eloy Martínez
De aquellas épocas de gran unión entre la literatura y el periodismo nos separan años. En la actualidad, transitamos la prensa escrita en papel, aun la digital, y parece que nada queda de esa relación. Cada tanto, en las secciones culturales, leemos notas sobre libros prontos a publicarse, algunas efemérides o noticias sobre los galardones que nuestras escritoras reciben a nivel mundial. Quizás, al visitar la contratapa del diario, nos detenemos en las viñetas de humor y recordamos que la ficción todavía existe allí.
Como lo indica Sylvia Saítta (2018), la literatura puede ingresar en el periódico a través de, al menos, dos procesos. El primero de ellos corresponde a los casos del S.XX, mencionados en la sección anterior, donde la literatura ocupa un lugar en el diario mediante publicaciones de cuentos, poemas o novelas por entregas. Sin embargo, aunque esta es una de las formas más evidentes de su presencia, hay otra, que tiene como protagonista al escritor en tanto periodista, y es la que se ha resignificado a lo largo del tiempo reformulando a los géneros periodísticos que hoy ocupan un lugar importante en la prensa escrita ( p. 97).
Cuando hablamos de la presencia de lo literario en la prensa gráfica actual, estamos haciendo referencia a géneros periodísticos de larga data que, en el transcurso de los años, se convirtieron en exponentes de grandes historias. La crónica y el perfil no son literatura, pero encarnan en la trama narrativa sus recursos y formas.
Como lo indica Sonia Parratt (2008) en su libro, el periodismo ha cambiado a lo largo de las épocas y si por algo se ha caracterizado su desarrollo es por la búsqueda constante de nuevas formas de expresión (p. 86). Como consecuencia de esa indagación en nuevos modos de contar, Parratt sostiene que en los géneros periodísticos actuales se manifiesta una hibridación, y más notoriamente, en aquellos conocidos como géneros interpretativos, donde se ubican la crónica, el reportaje y el perfil. Para la autora, estos formatos son híbridos por excelencia porque se sitúan a mitad de camino entre la información y la opinión ( p. 87).
Una mirada más actual, permite comprender por qué cuando hablamos de literatura en el diario, remitimos, inmediatamente, a los géneros periodísticos mencionados. En el artículo “¿Qué es el periodismo literario?”, Leila Guerriero, periodista y escritora, da nombre a este fenómeno y explica que el periodismo literario es una mirada y una certeza. Una forma de ver distinta en lo que todos miran y la certidumbre de que no da igual contar una historia de cualquier manera. Para narrar es necesario saber escribir y aunque suena sencillo, el periodismo narrativo precisa de técnica y del manejo de recursos que han nacido en la literatura. Como sostiene Guerriero (2016):
Podríamos hacer un rizo y decir que, por definición, se llama periodismo narrativo a aquel que toma algunos recursos de la ficción –estructuras, climas, tonos, descripciones, diálogos, escenas– para contar una historia real y que, con esos elementos, monta una arquitectura tan atractiva como la de una buena novela o un buen cuento.
Lo literario, por consiguiente, se encuentra ahí, en la forma de contar, de elegir las palabras y aunar los recursos en pos de un gran relato. Lo narrativo se funde con la información, los hechos y datos que también son fundamentales y delimitan el margen que separa a los géneros periodísticos de una ficción. Leila Guerriero (2016) lo explica claramente, el buen periodismo narrativo puede definirse como arte, pero de todos los procedimientos de la ficción que puede usar, hay uno que le está vedado: inventar.
Por otra parte, su artículo nos permite comprender la forma en la que el rol del escritor se resignifica en el periodismo. No solo se trata de escribir bien, sino también, de tener algo para decir. Para Guerriero (2016), el periodista que se dedica al periodismo literario debe aprender a mirar, a permanecer en el entorno de los hechos y si es posible, debe también volverse invisible. Esta capacidad es la que le permite encontrar en lo cotidiano las escenas capaces de transmitir la visión de una porción de mundo, “retratar gente común en circunstancias extraordinarias y gente extraordinaria en circunstancias comunes”.

Portada de la primera edición publicada en 1957.
En referencia a Operación Masacre, Guerriero (2016) dice:
Walsh pudo haber buscado otro camino. Pudo haber escrito una pieza de periodismo de investigación con lenguaje justiciero y notarial, presentando pruebas, datos, documentos. Pero intuyó que ésa no era la forma. Quería que sus lectores le tomaran el peso a lo que había sucedido. Quería que las páginas rezumaran el pánico de esos infelices que corrían en la noche iluminados por los focos de los autos, con el aliento de las balas en la espalda (…) Walsh no escribió lo que escribió para pavonearse de lo que podía hacer con el idioma. Escribió como escribió porque quería producir un efecto. Quería que, en la tranquilidad mullida de su sala, un lector se topara con esa realidad y que esa realidad le resultara insoportable. Que entendiera que habían sido hombres que una hora antes comían milanesas –y no héroes, y no martirizados por la patria– quienes poco después mordían el polvo y se meaban de miedo en un baldío de José León Suárez. Gente como yo, gente como ustedes. Gente común, en circunstancias absolutamente extraordinarias.
Así pues, es la suma de todas las partes, de lo literario y lo periodístico, lo que le permite al periodista transmitir no solo una historia, sino un sentido que la trasciende. Y en ello reside la clave del periodismo narrativo “que, hablándonos de otros, nos habla, todo el tiempo, de nosotros mismos” (Guerriero, 2016).
A modo de cierre
El presente artículo demuestra que la literatura y el periodismo han establecido un vínculo que se mantiene a pesar del paso de los años. Las formas en las que estos dos ámbitos se enlazan son diversas, pero son siempre la evidencia de un encuentro.
En la actualidad, los modos de hacer periodismo dan cuenta de ese legado. La literatura aparece en el diario a través de sus representantes, en pequeños artículos, en alguna noticia, en la contratapa y las viñetas de humor. Sin embargo, su verdadera huella y la más trascendental para el periodismo, ha sido la de dotar a sus géneros de recursos, estilos y formas para reedificarse.
La evidencia más concreta de la presencia de lo literario en la prensa argentina actual puede encontrarse en las crónicas y perfiles que aparecen en los diarios. En la maestría que su escritura despliega, en el oficio periodístico que se resignifica para contar algo, sabiendo que no es lo mismo hacerlo de cualquier forma. La búsqueda y la necesidad de transmitir un mensaje a través de palabras que trascienden la historia para crear una experiencia transubjetiva es también, como la literatura, un arte.
Referencias
Arlt, Roberto. (1931). Los lanzallamas. Claridad.
Delgado, V. y Rogers, G. (Eds.). (2016). Tiempos de papel. Publicaciones periódicas argentinas (siglos XIX-XX). Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
http://libros.fahce.unlp.edu.ar/index.php/libros/catalog/book/78
Guerriero, Leila. (2016). ¿Qué es el periodismo literario?. Anfibia. http://revistaanfibia.com/cronica/que-es-el-periodismo-literario/
Martín Barbero, Jesús. (1987). De los medios a las mediaciones. G.Gili.
Parratt, Sonia (2008). Géneros periodísticos en prensa. Quipus.
Saítta, Silvia. (2018). Dos a quererse. Literatura argentina y periodismo en el siglo veinte.CELEHIS- Revista del Centro de Letras Hispanoamericanas,(36), 95– 105.