Ni sus propios compañeros tomaban en serio a Lourdes Arrieta, la “Dipupato”. Uno de ellos había bromeado: “Para el armado de listas del año que viene vamos a hacer psicotécnicos”. Hasta que expuso a todos los participantes del tour genocida. Esta semana la ex protegida de Martín Menem y Karina Milei dio un paso al costado antes de que sus compañeros lograran echarla y ahora tiene el monobloque Fuerzas del Cielo-Espacio Liberal. Las siglas de su bancada (FE) combinan con el remate de su último discurso en la Cámara de Diputados: “Viva Cristo”.
Fue una salida anunciada: la diputada quedó en el centro de la escena luego de que LPO diera a conocer la visita de seis diputados –Arrieta incluida— al Penal de Ezeiza, donde se fotografiaron con represores como Alfredo Astiz. ¿Esa fue la gota que rebasó el vaso? ¿La visita a Ezeiza? o ¿Haber hecho públicos chats privados? Para nada. Los libertarios definieron echar a la diputada que pasó a la fama por vestir patitos kawaii en la cabeza tras la denuncia penal que presentó contra sus propios compañeros de bloque, incluyendo al presidente de la Cámara, Martín Menem. Los acusó de haberla llevado engañada al penal.
La salida de Arrieta estaba anunciada. ¿Cuál fue la gota que rebasó el vaso?
En las filas libertarias la actitud de la mendocina llamó la atención. Apenas se filtró el tour genocida, ella misma escribió en el chat del bloque de LLA: “Señores, tengo 31 años y quiero saber la verdad de primera mano. Que no me la cuenten como nos lo contaron durante 20 años fácil. Memoria, verdad y justicia; no venganza”. Días después, hasta aseguró no conocer a Astiz por haber nacido en la década de los 90. Los libertarios desconfían del giro repentino de la mendocina. Sospechan de su abogado Yamil Castro Blanco, y hasta apuntan a diputados de Unión por la Patria por haberlos presentado.